Por abril de hace dos años, empecé a salir con un compañero de trabajo, justo al mes de que se separara de la mujer con quien convivía. Ella trabajaba en el colegio con nosotros y por eso empezamos a vernos sin que se supiera.

Solía ir a su casa unas 3 veces. Comíamos algo, teníamos sexo, me quedaba a dormir. Primero era sólo sexo, pero al mes comenzamos a salir al cine, a un bar, al teatro, a comer. Cualquier excusa era válida para estar juntos.

Por junio, nuestros compañeros de trabajo empezaron a imaginarse que algo pasaba y comenzaron a hacer preguntas. Cuando lo conté, me dejó. Decía que no estaba listo para empezar una relación nueva, pero los 4 días de dejarme, me invitó al teatro. Comenzamos a salir de nuevo, pero sólo nos besábamos. Me explicitó que no quería tener más sexo conmigo, que no estaba listo. Al mes dejamos de vernos por decisión de él. Sin embargo, aparecía todo el tiempo. Me mandaba mensajes constantemente. 3 o 4 fotos por día, y si yo le contestaba, no respondía. Empecé a presentir que él sabía todo lo que yo estaba haciendo. Entonces recordé que mi tarjeta SUBE era de él y al poco tiempo entendí que revisaba los recorridos que yo hacía en colectivo.

En noviembre apareció sin invitación al festejo familiar de mi cumpleaños.

A finales de diciembre me fui a trabajar a la Costa y él se fue a pasar unos días allá. Nos quisimos ver, nos encontramos en la playa y nos besamos. Quedamos en volver a vernos a la noche siguiente. Como no conseguí remis porque era año nuevo, le dije de encontrarnos a mitad de camino y no quiso, me pidió que fuera hasta donde estaba y que le mandara un mensaje cuando llegara así no esperaba. Caminé 6 km y apareció una hora y media después, muy borracho y haciendo comentarios desagradables. Me enojé y empecé a caminar para el centro. Me siguió mientras gritaba cosas como: “vayamos a coger”. Yo no quería. “Pero si te encanta”, “sos muy histérica”, “no te hagas la que no te gusta”.

Me empecé a sentir encerrada, él insistía y trataba de manosearme. En un momento me safé, le saqué ventaja y volví caminando para la playa. Me senté y me largué a llorar. A los 15 minutos, apareció y me empezó a tocar. Yo le decía que parara, que no quería. “Vamos a coger”, repetía todo el tiempo. Grité mucho, traté de sacármelo de encima pero él tenía más fuerza. Me empezó a sacar la ropa mientras le pedía llorando que me dejara. Le pedía por favor a los gritos y golpes, pero no paraba. Él siempre fue precoz. Eyaculaba al minuto de penetrarme. En ese momento pensé en eso y me resigné. Quería que pasara rápido así me podía ir. Empecé a mirar el reloj a ver cuando pasaba ese minuto. Y pasaron dos, tres, cuatro. Volví a tratar de safarme y me agarró con más fuerza. Me penetraba mientras lloraba a los gritos. Acabó y miré el reloj. Fueron trece minutos. Esa fue la primera vez que el perverso no fue precoz conmigo, cuando me obligó.

Volví a caminar esos 6 km sin parar de llorar. Cuando llegué me bañé y empecé a descubrirme moretones. Después de eso no pude volver a cantar.

A mitad de febrero del año pasado, retomé mi trabajo en la escuela. Volvimos a trabajar juntos, pero nunca hablamos de lo que había pasado. Volvió a llegar diciembre y compartimos un viaje de estudio. La segunda noche llovió y se empezó a inundar el espacio donde estábamos durmiendo. Mudamos a los chicos a un salón para que siguieran durmiendo mientras nosotros dos nos quedamos sacando el agua. Cuando nos fuimos a acostar, en el traslado, los chicos habían puesto nuestras bolsas de dormir juntas, así que nos acostamos al lado. A la mitad de la noche me desperté con su mano dentro de mi bolsa de dormir. Estaba tocándome la entrepierna. La saqué con fuerza y lo empujé. Mi reacción fue muda porque no quise que los chicos se enteraran. Me di vuelta y seguí durmiendo. Seguida la noche, me agarró fuerte la mano y me la puso en su pene. Lo volví a empujar y me fui del salón.

Pasaron casi tres años del suceso en la playa y dos del campamento. Sigo trabajando con él.

Conté esta historia por primera vez hace dos meses, cuando volví del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario. Esta semana pude volver cantar.

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