Cuando tenía 13 años, todavía no había tenido novio o dado un beso. Un chico, que era amigo de mi mamá porque ella le cortaba el cabello, me dijo que yo le gustaba. No teníamos una relación pero él era amigo mío y se fue ganando mi confianza.

Una noche llegó con todos sus hermanos a cortarse el cabello y entró hasta el portal de mi casa, donde él sabía que me gustaba estar sola. Me dijo que sólo quería darme un beso, y como no lo había hecho antes, sólo me quedé quieta. Estaba muy nerviosa. Él no solo me besó, sino que me puso contra de una pared y me manoseó. Mi papá estaba adentro de la casa y mi mamá afuera, no grite porque no supe cómo reaccionar, sólo podía decirle que no me gustaba, que pare. Pero él me miraba a los ojos y me decía: “yo soy el mismo diablo. Soy un maldito. Soy malo”, y lo seguía repitiendo mientras me tocaba. Cando por fin pude safarme, ya que él era más grande que yo, entré a mi casa y en mi habitación me puse a llorar.

Se lo conté a mi hermana que es menor que yo por 2 años, pero le pedí que nunca se lo contara a nadie y no lo hizo.

Han pasado 12 años y sólo se lo conté al hombre que hoy es mi esposo, ya que aún me avergüenza. Quise contárselo a mi papá, comentádole que a una chica una vez la violó su tío y lo que me dijo fue: “un hombre solo no puede violar a una chica ni manosearla, si lo hace es por qué ella quiso. Te creería si fueran dos o más hombres”, entonces no le dije nada.

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