Lo conocí en una iglesia, un hombre que amaba a Dios amaría también a su prójimo. Esa pinta no es verdad.

Tenía apenas 15 años, me acababa de mudar y estaba en una nueva escuela, así mismo, mi familia y yo comenzamos a asistir a una nueva iglesia. Ahí lo conocí, era agradable, simpático, todos lo querían. Nadie lo conocía, ni lo conocen bien.

Pronto supe que acudíamos a la misma escuela, era agradable saber que tenía a alguien con cosas en común cerca, todas las demás personas eran relativamente extrañas para mí. Pronto nos hicimos buenos amigos, y luego él dio por descontado que comenzamos a ser novios. Yo, no lo desmentí y seguí el juego. Pronto comenzaron las peleas y los celos. Me convenció que mis amigos no eran buenos, que hablaban mal de mí a mis espaldas y yo le creía todo pensando que me amaba y lo hacía por mi bien.

Como era más grande, terminó el bachillerato primero que yo, entró a la universidad y comenzó a tener nuevos amigos y amigas. Obviamente, pensé que debíamos ser justos y que si yo no tenía amigos, él no debería tener amigas, sin embargo, eso jamás sucedió.

Un día me acusó de haberle contagiado un herpes cuando teníamos meses sin tener relaciones sexuales (y yo no tenía la enfermedad, fui con el médico a revisión y estaba sana), ya que no tenía dinero para siquiera llevarme a un hotel. En ese punto las peleas ya eran horribles, nos gritábamos cosas, me decía que prefería estar con sus amigas que conmigo, yo le decía que se fuera, pero regresaba cuando quería y siempre lo acepté.

Poco después decidí rotundamente terminar mi relación con él, después de dos años. Pero… estaba embarazada. Mi familia pegó el grito en el cielo, su nena no podía fallarles así, ¡y menos ser madre soltera! (aun cuando mi mamá lo era), regresé con él, vivimos juntos un tiempo y me convenció de que nos casáramos. Ahí conocí el infierno.

Vivíamos en dos cuartos en la casa de su mamá. Su familia jamás me quiso. Después que nació mi hija, todo fueron insultos, gritos, cachetadas y humillaciones.

Una tarde después de discutir me tumbó al piso, me arrastró de los pies gritando que estaba loca, que me fuera de su casa o llamaría a la policía. Obviamente ni pensar sacar a mi bebé de ahí.

En otra ocasión me puso un cuchillo entre las manos, me dijo que si lo odiaba tanto, lo matara ahí mismo. Debo confesar que por un momento lo consideré. Era mejor verme en la cárcel que a su lado. Sin embargo, no lo hice.

Gracias a que mi mamá no sabía nada de lo ocurrido me permitió salir a trabajar al restaurante donde ella era empleada. Ahí me di cuenta que no era inútil ni estúpida como siempre me hizo sentir, que no era fea, que podía gustarle a alguien más (aun cuando jamás le fui infiel).

Por fin me decidí y lo dejé.

Pero la violencia no paró ahí, la sociedad lo consideraba “el hombre ideal”. Un muchacho joven, “que se hizo responsable de sus actos”, hasta mi familia lo apoyaba.

Se encargó de hablar mal de mí ante nuestros amigos. Me decía que nadie quería saber de mí y que no me acercará a ninguno porque me odiaban. Su madre me acosaba y decía que yo había engañado a su hijo, me mandó incluso vigilar con un hombre. Los compañeros del trabajo me juzgaban como la que había separado a su familia. Incluso mi mamá quiso obligarme a regresar con él en diferentes ocasiones.

Aun así, yo no tenía el valor de hablar lo ocurrido, me daba vergüenza que supieran que había permitido tanta violencia.

Una tarde, decidió que era lo bastante mala madre para que mi hija viviera conmigo así que se la llevó, dejándome dicho que no volvería a verla. Afortunadamente, yo ya no iba a permitir que me arrebatará nada más, y menos lo único bueno que me había dado. Así que acudí ante las autoridades y gracias a ellos hoy puedo decir que vencí.

En ese momento también salieron a la luz todas las vejaciones, maltratos y horror que viví a su lado.

Me costó mucho trabajo y terapia dejar de odiarlo, pero ahora yo vivo feliz. Jamás permito siquiera que me levanten la voz, o que me digan que soy inútil. Me costó mucho trabajo, pero ahora soy profesional, madre, pareja y una mejor mujer, una persona que dice: basta a la violencia; yo valgo mucho más.

(Visited 779 times, 1 visits today)