Tengo los pies helados, me acabo de dar cuenta que estoy descalza en el piso frío. Pero la cara la tengo hirviendo, y mojada. ¿Estoy llorando? Ya ni me doy cuenta cuando empecé, es como que se me rompieron los lagrimales o algo.

Qué ganas de un pucho, pero a él no le gusta que fume, dice que no es femenino. La última vez que me prendí un pucho con las chicas no me habló tres días. Igual ese día también se enojo porque me junte con ellas, y él a mis amigas no las quiere mucho. Dice que siempre me quieren alejar de el, no sé.

Pasa que yo siempre lo estoy haciendo enojar, tengo ese don. Hoy cuando me llegó el mensaje del chico ese que cursa conmigo se me hizo un nudo en la garganta. Como ese nudo que se te hace antes de rendir un examen. Y de un examen me escribió, justo. ¿Me querés decir para qué le di mi número? Parece que me la busco.

Discutimos mucho, sí. Pero nunca me había levantado la mano, nunca hasta hoy.

¡Que fríos tengo los pies! Y eso que antes de salir de casa mi hermano me dijo que me ponga medias, pero nunca le presto atención. ¿Qué le digo a mi hermano mañana de la boca hinchada? Seguro que si le digo que me mordí dormida me cree.

Mejor me voy a casa ahora, que no se preocupe.

Imposible, me trabó la puerta con llave. Pero capaz si me quedo es mejor. Si se levanta mañana y yo no estoy se va a enojar peor, y ahí sí que me va a costar que me perdone.

Me voy a acostar un ratito en el sillón, no lo quiero molestar en su cama, seguro sigue enojado.

A ver si mañana me perdona… ojalá… y a ver si yo esta noche me puedo dormir con estos pies congelados.

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