Tenía 4 años cuando el marido de mi abuela me tocó por primera vez. Lo conté y nadie hizo nada, así que los abusos continuaron durante 7 años. Cada vez que íbamos a su casa abusaba sexualmente de mi, me penetraba, me besaba, me tocaba, me obligaba a practicarle sexo oral.

A mis 11 años dejó de hacerlo. A los 12 años decidí contarle a un amigo y ese mismo día contarle a mi familia nuevamente. Ellos me humillaron y le contaron a toda la gente que conocían. Mi nombre estaba por todos lados, todos sabían lo que me había pasado. Ya no tenía fuerzas ni para vivir. Meses más tarde y ya comprobado el abuso a través de médicos, comenzó el juicio.

Ya pasaron 8 años y sólo le dieron prisión domiciliaria. No volví a verlo nunca más, pero cada día recuerdo todos los momentos horribles que me hizo pasar.
Esta es mi historia y lo cuento yo porque sigo viva.

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