Cuando tenía 13 años vino, desde otra provincia, un familiar para quedarse un par de días en casa. Apenas nos conocíamos, y además, yo era muy introvertida e infantil. Ni siquiera había hablado con algún chico, nunca.

Este muchacho dormía en un colchón, en la misma habitación donde dormíamos mis tres hermanos y yo. Una noche, “jugando”, me hizo cosquillas hasta tirarme sobre su colchón. Primero creí que era un juego, pero luego me besó a la fuerza. Esto comenzó a repetirse todas las noches, y yo, por miedo, nunca dije nada. A veces frotaba su cuerpo contra el mío, produciéndome una sensación de asqueo inigualable. A pesar de eso, siempre terminaba paralizándome del miedo.

Luego de un tiempo, volvió a su casa. Allí creí que todo había terminado e intenté seguir con mi vida como si nada hubiese pasado. Tanto así que conocí a un chico y comencé a salir con él.

Pero regresó.

Resultó ser que se había inscripto en la fuerza policial de mi provincia, motivo por el cual, le pidió a mi mamá quedarse en mi casa hasta que se recibiera. Mi papá accedió y todo comenzó otra vez, cada noche hacía conmigo lo que quería.

En ese entonces, yo trataba de soportarlo porque tenía una vida diferente. Este muchacho, sabiendo que tenía novio, me llenaba la cabeza diciéndome que seguramente mi pareja me engañaba. La relación con mi novio terminó, pero él, la persona que nunca elegí en mi vida, seguía lastimándome.

A mis 15, inevitablemente, quedé embarazada. Me asusté mucho y no supe que hacer, él decía que hablaría con su madre y nos iríamos a vivir a su provincia. Pero yo no quería eso, no quería estar con él.  Con ayuda de un amigo, decidí contarle a mi mamá todo lo que había ocurrido. Ella me dijo de todo, por más de que le expliqué que siempre fue contra mi voluntad. Habló con él y lo echó de la casa. Lo último que dijo fue que todo fue consentido, luego tomó sus cosas y se marchó.

Mi mamá me propuso que simulara caer por las escaleras de la escuela para perder el embarazo. Todos los días me decía cosas horribles y sin sentido, hasta que me llevó a un lugar para realizarme un aborto. A pesar de todo lo sucedido, yo no quería hacerlo porque sabía que la criatura no tenía la culpa, pero de todos modos me llevó y todo terminó allí.

Mis hermanos y mi padre nunca se enteraron de lo sucedido, sólo mi hermana, pero siempre fue muy callada y nunca se lo contó a nadie. Mi madre siguió tratándome como basura, siempre.

Ya con 16 años, un día fuimos a un cumpleaños familiar. Luego fuimos a bailar con mis hermanos, sus novias, mis primos y varios amigos. Al ser menores de edad no nos dejaron pasar al boliche así que fuimos a un bar. Aquel día tomé como nunca y hablé demasiado. Al día siguiente recordaba muy poco lo que había sucedido…

Un par de días después, mi cuñada me pidió que habláramos y me contó que aquella noche le había hablado del aborto. Hablamos un rato y luego llamó a mi hermano para que le contara a él también. Cuando llegamos a casa, juntos, le contamos a mi padre, y entre llantos, mi mamá se unió a la conversación. Para mi desgracia, mi madre dio otra versión de los hechos y mi padre le creyó. Por suerte mi hermano me creyó a mí y me llevó a la comisaría para que haga una denuncia.

Una vez allí, intentaron convencernos de no realizarla, ya que había pasado bastante tiempo y no tendría sentido. Pero la hicimos igual. Conté todo, no sólo sobre los abusos sino también sobre el aborto, pero nunca dije que fue mi mamá quien me llevó a hacérmelo.

La denuncia llegó al juzgado y tuvimos que declarar ambas, pero no paso a mayores.

Me pasé días y noches llorando por todo el dolor que llevaba dentro. Sentía que no podía más conmigo misma, asistí a terapia, pero no me sirvió ya que siempre me dio miedo hablar con personas desconocidas. No podía dejar de pensar en lo que sucedió, lo vivía recordando.

Hoy ya a tengo 22 años, a pesar de haber seguido adelante y tener mi familia propia a veces tengo pesadillas. Aunque mi hija todavía no va ni al jardín, temo que puedan hacerle lo mismo que a mí. Me cuesta dejarla a sola hasta con mi marido. El pasado me aterra.

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