Escribo esto desde la indignación que me provoca ver como mi familia vive, por culpa de un hombre que no supo medirse. Ese hombre es mi padre.

Mi mamá se casó a los 23 años, un año después nací yo. Al poco tiempo se divorció y a él no le interesó participar de mi crianza. Mi vieja siempre estuvo sola, pero a pesar de eso nunca me faltó nada. Siempre estuvimos muy contenidas por mi familia materna.

Siempre le agradezco a mi mamá por nunca haber influido en mis decisiones con respecto a mi padre y también que nunca me haya prohibido verlo. Me dio la impagable libertad de elegir.

A lo largo de mi vida lo habré visto unas 10 veces. Un día tomé la decisión de no verlo más ya que era adicto a las drogas, y además violento.

Uno de los únicos recuerdos que tengo de él es bastante decepcionante.

Era chica y estaba ahorrando para comprarme una Barbie que me encantaba. Cuando le conté mis planes, me pidió que le prestara ese dinero y se lo di. Ni el dinero me devolvió, ni la muñeca me regaló. Estimo que ese ahorro que yo tenía fue destinado a la compra de drogas o alcohol.

Mi mamá pidió una restricción perimetral, la cual fue otorgada pero jamás se cumplió. Esto me indigna bastante, porque es al día de hoy que encontramos a mi padre vagando cerca de la puerta de mi casa o en la puerta de la pizzería de mi abuelo.

Suele pasar por al lado de mis familiares y hasta algunas veces camina a mi lado con una impunidad inexplicable. Esto me hace pensar en otras mujeres como mi madre. Quieren mantener lejos a sus esposos violentos pero ellos no respetan ni las medidas judiciales y nadie hace nada al respecto. Hoy en día, con 21 años y con una enorme tristeza, puedo afirmar que la justicia no existe.

Veo el híbrido de indignación y bronca en los ojos de mi mamá cada vez que lo vemos cerca. Ella se presentó hasta el hartazgo en juzgados y fiscalías para que se cumplan las restricciones y para que le pagara la cuota de alimentos, pero nunca pasó nada de eso.

En 2010 mi madre conoció a una mujer con la que entablaron una amistad que duró casi dos años. Una vez descubrió que era la actual pareja de mi padre. Confesó haber sido enviada para averiguar todo tipo de información sobre nuestras vidas

Mi mamá llegó a confiar mucho en esa mujer, y yo también. Sabía desde nuestros planes a futuro hasta mis notas del colegio. Incluso le conté que intenté sacarme el apellido paterno pero no me lo habían permitido en el registro civil.

El dolor que todavía siento es inmenso.

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