Cuando éramos chicos siempre disfruté mucho de la compañía de mi hermano Nahuel. Papá y mamá nos dieron todo, nunca nos faltó nada. Pero después de sus 15 años, comenzó a tratar mal a mi mamá, a levantarle la voz, denigrarla y subestimarla en todo. A sus 17, empezó a hacerlo con mi papá. Le contestaba mal y era muy desagradecido.

Nuestros papás solían viajar y dejarnos solos. Nunca había problemas, si peleábamos era por tonterías y en juego. Pero luego, el carácter de Nahuel se volvió cada vez más intolerante. A tal punto que uno de esos días, me pegó en el ojo, dejándomelo morado. Nunca conté nada sólo para que no se enojaran con él y le pegaran.

Cuando Nahuel cumplió 18 y yo 15 años, conocí a un chico del cual me enamoré. Mis papás no lo querían, pero hice lo imposible para estar con él. Llegué hasta el punto de irme de mi casa, cansada de que me peguen por querer salir con este chico. Ese día me fueron a buscar con la policía. Al llegar a casa, mi mamá se desvaneció sobre los brazos de Nahuel y él la soltó, dejándola caer al suelo, para acercarse a mí y golpearme. Otra vez lo dejé pasar, esta vez fue porque no quería que mamá sufriera.

Una semana después de ese ataque, Nahuel le contestó muy mal a mamá. Le pedí que se calmara, y me golpeó, dejándome la cara inflamada y con un hematoma. Ese día me cansé y decidí que quería denunciarlo. Pero al día siguiente, cuando desperté, mi valija ya estaba hecha. Mamá organizó un viaje para que no lo denunciara, así que viajamos, mi hermano me pidió disculpas y yo lo perdoné.

Pasaron meses hasta que mis papás aceptaron la relación con mi novio. Pero a las semanas tuve que dejarlo porque mi familia se había encaprichado con él nuevamente y mi hermano quería agredirlo.

Dejé pasar tantas cosas que, cada vez que Nahuel se enojaba por algo, me agredía física y psicológicamente.

Actualmente sigo dejando pasar el dolor de saber que mis papás nunca hicieron nada para solucionar esto. Hoy, por ejemplo, estoy pensando en hacerle una denuncia para poder terminar con esta situación de una vez por todas. Si mi hermano me agrede a mí, a mi mamá y a mi papá ¿qué le espera en un futuro a quien sea su pareja?

Vivo pensando en que la próxima vez que se enoje, puede matarme. Y no quiero esperar más. Si sube su tono de voz otra vez conmigo, lo denuncio. No hay que esperar tanto como hice yo. Un vidrio roto, una puerta partida, una pared manchada con sangre, un ojo morado y toda la humillación que sufrí, servirán para saber que no quiero esto en mi vida.

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