Dudé mucho en escribir esto por considerar que mi historia no es grave. De todos modos, me habrá servido para enfrentarme a este recuerdo y asumirlo…

Tengo una hermana mayor y un hermano menor. Lo que voy a contarles me ocurrió cuando tenía 14 o 15 años.

Mi familia es del tipo conservadora, católica o tradicional, como quieran llamarle. Mi mamá, sin embargo, siempre nos apoya y trata de entendernos en todo. Pero no puedo decir lo mismo de mi papá, quien decidió que yo era la ovejita negra de la familia.

Cuando me enamoré de un compañero de la secundaria, no lo dejaba entrar a mi casa porque temía que mi papá reaccionara muy mal. Salimos un tiempo, a escondidas, hasta que él se enteró: era 21 de septiembre y volvíamos de pasar un día de la primavera, el cual desencadenaría con mi ojo morado. Me sentí mal por ser tan rebelde, por haberme enamorado con 15 años, que osada había sido.

Mientras tanto, mi hermana llevaba ya dos o tres años de novia. Mi papá sólo la había golpeado cuando se puso un aro en la ceja, que además arrancó con una pinza. Pero, como aceptaba que ella estuviera de novia, nunca más la volvió a maltratar. Hubo, hay (y habrá) otros maltratos menores, verbales, pero ya estoy resignada a ellos.

Ahora mismo tengo 21 años y sigo enamorada del mismo chico, aquél que aguantó verme a escondidas hasta marzo de este año, que me fui de casa. Creo que esto aumentó el odio que mi papá siente por mí.

Aunque no es un caso extremo en comparación con tantos otros, quise compartir mi historia, la cual seis años después, todavía me quita el sueño.

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