Tengo bien en claro que no fue mi culpa, pero no puedo perdonar como dejé que pasara.

Acababa de terminar una relación de 6 años cuando conocí a Santino, era uno de esos chicos que no te cuestionan, te hacen reír y te besan como ningún otro. Por fin todo marchaba bien para mí, salvo por una cosa: él tenía novia.

Al principio no me importó porque era solo sexo, pero al pasar el tiempo nos enamoramos.

Un día como cualquier otro me invitó a su departamento, me dijo que me haría mi comida favorita porque cocinaba muy bien. Me puse linda para él y fui.

Cuando llegué lo primero que vi fue la puerta abierta y un chico sentado afuera, lo saludé y entré. Allí estaba mi supuesto novio, tomando unas cervezas con sus amigos, entre ellos Pedro. La velada fue divertida, cenamos y nos reímos entre todos.

Luego de ese día las salidas con Pedro fueron más seguidas, nos invitaba a varios lugares y hasta me proponía que llevase a alguna amiga.

Recuerdo que había pasado el cumpleaños de Santino y le había regalado una cadena de plata con un dije. Quedamos en que pasaría unos días con su novia y después todo volvería a la normalidad.

Después de 2 días me contactaron por Facebook unos amigos de su universidad para invitarme a una fiesta. Yo no quería ir, pero insistieron y además extrañaba a mi “novio”. Le pedí a un amigo que me acompañara y fui.

Cuando llegué y saludé, todos me miraban sorprendidos. El chico que me había invitado me dijo que pasáramos a tomar algo. Sorpresa! Ahí estaba él con su verdadera novia. Me acuerdo como ella lo tironeaba para besarlo y él le decía que no. Nos mirábamos todo el tiempo pero no podíamos hablar porque su novia sospecharía. Para hacerlo aún más real, dije que mi amigo era mi novio, lo que provocó un gran enojo en Santino.

La noche nos quedaba corta así que todos decidimos mover la fiesta a la casa de otro chico.

Pude ver la gravedad de su enojo cuando lo vi arrancarse la cadena que le había regalado por su cumpleaños y, además, decidió irse de la fiesta con su novia. Se despidió de todos menos de mí. Sus amigos me decían que estaba celoso y enojado pero que debía aguantarse porque él se lo había buscado.

Mi amigo comenzó a sentirse mal, puesto que había bebido demasiado, así que Pedro se ofreció a llevarlo a su casa. Lo dejamos allí y seguimos camino. Mientras tanto, yo discutía con Santino vía WhatsApp.

Pedro trataba de consolarme, me pedía que no llore, que era una chica muy linda y que no me faltarían chicos que quieran estar conmigo. Así que me invito a un bar antes de llevarme a casa.

Al llegar a destino nos sentamos y pedimos unas cervezas. Pedro comenzó a hablar mal de Santino, me decía que no me merecía estar con un hombre que me tratase de tal forma y que debía dejarlo. Yo, por mi parte, le dije que solo el tiempo podría determinar eso.

Como ya se hacía demasiado tarde le pedí que me lleve a casa. Pedro se paró e hizo una especie de confesión, al parecer estaba enamorado de mí. Intentó besarme y me agarró de la cintura. Yo intentaba que me suelte y le repetía una y otra vez que estaba con su amigo, que no podía hacerle eso. Al ver que no obtenía respuestas positivas me dijo: “Vamos, te llevo a casa”. Intenté tomarme un taxi pero Pedro insistió y me tomó del brazo para que entrara a su auto.

A partir de allí solo recuerdo confusas imágenes, cabe aclarar que solo había bebido unas cervezas, no estaba para nada ebria. Me acuerdo que abrió la puerta del auto y me dijo que estábamos en su oficina porque debía recoger unos documentos. Me pidió que subiera con él porque era peligroso que me quedara sola.

Me ayudó a bajar, dado que las piernas casi no me respondían, y me metió en el departamento, este estaba vacío, no había ni un mueble. Estaba claro que no era una oficina. Rápidamente se tiró encima de mí, comenzó a besarme y a tocarme. Yo intentaba patearlo, pero me quitó los pantalones con facilidad. Mientras más me resistía más violento se ponía. “Vamos a hacerlo pero no me lastimes. Solo quiero hacerte oral porque si hueles tan bien entonces mejor sabes”, me dijo. Por dentro me daba muchísimo asco, pero lo dejé con la esperanza de que todo terminara allí.

Cuando pensé que se había acabado, introdujo sus dedos en mi ano. Mientras intentaba liberarme, él repetía: “No entiendo por qué me golpeas, ni que te estuviera violando”. Yo solo me limitaba a llorar, ya no sabía que más hacer. Hizo conmigo lo que quiso y terminó penetrándome.

Luego me subió al auto y me llevó a casa. Mi mamá estaba muy preocupada porque no llegaba, en cuanto abrí la puerta comenzó a gritar pero corrí a mi cuarto y me encerré allí.

Al día siguiente pude notar los moretones que me había dejado. Me dolía todo el cuerpo y, por sobre todo, el alma.

Nunca le conté a nadie lo que pasó, y en parte aún me siento culpable por haberlo permitido.

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