Un día de rebeldía, a los 17 años, me fui de la casa de mi mamá porque no me dejaba estar con el chico que yo quería. Me fui a buscar a mi papá, que es muy poco responsable, y vive con mi tía y mis primos.

Esa noche él llegó borracho en su cama. Yo estaba durmiendo en un colchón sobre el piso, cuando de repente entró mi primo de 30 años y se acostó al lado mio. Comenzó a tocarme la pierna, pasó por mi vagina hasta llegar a mis pechos. Yo miraba a mi papá entre lágrimas para ver si se despertaba y hacía algo, pero no sucedió. Me di vuelta pero continuó tocándome hasta que tomé coraje y me levanté. Me acosté al lado de mi viejo.

En ese momento me sentí sucia, tan sucia como hoy a mis 25 años. No le conté nunca a nadie por miedo a que mis hermanos o mi papá lo maten, pero cada vez que lo veo, me dan ganas de matarlo yo.

Lo cuento con la esperanza que alguien de mi familia lo lea y sepa lo que pasé.

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