Uno piensa que la primera vez será como un cuento de hadas pero la mía fue más bien parecida a una película de terror. Yo tenía 14 años, él 25.

Estaba a pocos meses de cumplir 15 años y convertirme en mujer, como la tradición indica. Tenía novio, fue el primero y el único. Lo adoraba y lo admiraba muchísimo, estaba muy feliz de tenerlo a mi lado o al menos eso me hacía creer.

Un día me pidió que lo acompañara a su casa para recoger un par de cosas, obviamente accedí porque no tenía por qué desconfiar de mi novio. Todo iba de acuerdo al plan hasta que noté que estábamos solos, cosa que nunca pasaba porque yo todavía era chica. Fue ahí cuando me di cuenta de que él quería más de lo que yo podía darle, y simplemente lo tomó.

Me dio un beso en la mejilla y me dijo “No pasa nada, todo estará bien. Vamos a hacerlo”. Me bajo los pantalones, aquellos que solían ser mis preferidos pero que luego odié por los malos recuerdos que me traían. Prosiguió y bajó también mis bragas, instantáneamente se puso un condón y se dio el lujo de hacer un chiste. “Seguridad primero ¿No?”, me dijo y rió.

Yo estaba bloqueada, en parte no sabía lo que estaba pasando. Pensaba cómo puede ser que mi príncipe azul sea capaz de obligarme a hacer esto, no puede ser real. Pero sí, era real.

Se posicionó encima de mí y me penetró con tanta fuerza que aún puedo sentir ese dolor. Me pidió que me relajara y continuó. Cuando terminó me dijo que había estado fantástica, me subió los pantalones y me dijo que volviéramos rápido a mi casa.

Me sentía tan sucia y degradada como una muñeca de trapo abandonada. Él se dio cuenta y supo usarlo a su favor, en ese instante había comenzado la pesadilla: se encargó de ponerme en contra de mi familia, de moldearme a su gusto, de gritarme y abusar de mí todos los días.

Una tarde me acusó de ser una puta porque permití que un compañero me acompañara hasta mi casa. Ese día casi llegó a los golpes para hacerme entender que él era lo mejor para mí y que no debía relacionarme con ningún otro hombre.

No estuvo conforme hasta que me dejó vacía, perdí mi esencia y ya no era capaz de reír.

Por suerte mi familia decidió que teníamos que irnos lejos por mi bien. Espero pronto encontrar el valor para poder contar esto a las personas cercanas a mí y encontrar el perdón conmigo misma que tanto necesito.

Yo era menor de edad y él mayor, todo eso fue violación, fue violencia psicológica y verbal.

Aún tengo miedo de que otro hombre pueda hacerme lo mismo, que se haga pasar por un príncipe y resulte peor que un sapo. A veces tengo pesadillas, puedo oír su voz y sentir su peso sobre mi cuerpo.

(Visited 1.786 times, 1 visits today)