Antes que nada, quiero contar que no me había dado cuenta de la violencia que sufrí hasta que leí las historias que muchas mujeres valientes han compartido aquí.

Tengo 23 años y soy feminista, o por lo menos me considero una persona que busca el respeto y la igualdad para las mujeres ante este mucho tan machista. Porque me considero tal, sé que nuestra lucha es importante, pero también sé que somos consideradas algo que en realidad no somos: seres vulnerables a plena disposición de los hombres.

Muchas veces se convive con la violencia psicológica sin siquiera saberlo, solemos normalizar la situación porque nadie dice nada. La verdad es que no sé por qué tanta gente calla, me gustaría comprenderlo. Y eso me pasó a mí, a pesar de ser feminista y considerarme una mujer valiente que no se deja pasar.

Cuando estaba comenzando la universidad me encontraba de novia, pero sinceramente no era lo que yo buscaba así que comencé a fijarme en un chico que estudiaba conmigo. Él era el guapo del grupo. Simpático, agradable, interesante y un tanto misterioso. Comenzamos a salir y todo iba bien, hasta compartíamos los mismos intereses.

Pero todo se fue degradando, y yo siempre lo justifiqué.

Lo peor sucedía cuando él bebía. Me empujaba, me decía cosas horribles y al otro día decía que no se acordaba de nada. Cuando yo trataba de recordarle lo que había hecho, me hacía sentir culpable por querer hacerlo sentir mal. En varias ocasiones llegaba al extremo de perder el equilibrio y caerse al piso. Yo siempre intentaba ayudarlo a levantarse, pero me gritaba: “Deja de estar chingando, pinche pendeja”, y se iba con sus supuestas amigas, las cuales ahora entiendo que de amigas no tenían nada.

No sólo me controlaba sino que también me denigraba e insultaba. Se burlaba de mí cada vez que podía, justificándose con que era un juego. Siempre peleábamos por eso, pero era yo quien terminaba pidiéndole perdón porque así me hacía sentir él. Incluso llegué a rogarle que no me dejara por su ex novia y que me diera otra oportunidad.

Cuando dejó de interesarle la universidad comenzó a pedirme que faltase a clase para pasar el día con él, termine perdiendo la carrera. Me perdí completamente, perdí mi amor propio y mis intereses porque cada cosa que yo hacía o que a mí me gustaba le parecía una estupidez.

Cada vez que teníamos relaciones él era el dominante, me decía “perra” o “puta”. Me trataba como si fuera una película porno y ni me preguntaba si lo que hacía o decía me gustaba, simplemente no le interesaba. Por ello siempre fingí, para que terminara pronto y sin quejarse. Un día fue tan brusco conmigo que me desmayé y él solo se sentó a esperar a que yo reaccionara. Si quería tomar el control de la situación, se enojaba y me decía que le aburría tener sexo conmigo porque siempre quería la misma posición, o sea, una en donde él no me hiciera sentir vulnerable.

Me celaba muchísimo, amenazaba a mis amigos, se metía en mis redes sociales y me reclamaba cada cosa que podía. A pesar de eso nunca le fui infiel, pero me hacía sentir muy culpable.

Cuando me enteré que estaba hablando con su ex se lo recriminé porque pensé que era lo justo, pero se justificó una vez más diciendo que sólo le hablaba porque estaba embarazada de él y debía hacerse responsable del niño. Lo creí, pero resultó ser una mentira más. Siempre mentía, a todos, a su familia también. Hasta la fecha no sé qué tanto era cierto y que era mentira.

Esa relación me hizo mucho daño, me destruyó por dentro y por fuera. Me alejé de todo lo que me hacía sentir viva, fui un robot.

Durante los tres años que duró la relación nunca quiso ir con mi familia, entonces yo no los veía nunca, lo mismo pasó con mis amigas. Mientras más lo pienso, más me pregunto cómo pude aceptarlo.

Cuando decidí terminar, me buscó unas cuantas veces. Claro que en su mayoría estaba ebrio y me dijo cuanta barbaridad se le ocurrió en el momento, las mismas que me decía cuando era su novia.

Poco a poco aprendí a quererme de nuevo, y a tener yo misma el poder de mi propia mente y cuerpo.

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