Tenía 16 años cuando salí a tomar el colectivo a las 6 a.m. con terror de que me pasara algo, ya que no era una zona tan linda. Alrededor de las 6:15 a.m. por fin llegó el colectivo y me subí cuando iba pasando un hombre de aproximadamente 30 años, quien metió la mano en mi falda y me tocó. Me quedé paralizada y comencé a llorar en silencio. Una señora se acercó y me preguntó qué sucedía. Le conté lo que había pasado y me hizo parar, a la par de ella, mientras intentaba calmarme. Me dijo que hablemos con el chofer y nos acercamos para explicarle la situación. Nos dijo que no podía hacerlo bajar del transporte porque el hombre tenía una discapacidad y que si lo hacía, tendría problemas. Nos contó que no era la primera vez que este hombre hacía estas cosas, que una vez pasó por la comisaría.

No concibo que cualquier persona, por tener una discapacidad, pueda aprovecharse de otra sin tener consecuencias.

Lo cuanto yo porque me pasó.

 

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