A lo largo de mi adolescencia siempre fui de estar de novia, pero también tuve mis momentos de soltería. En uno de ellos conocí a Ezequiel, recuerdo que me encantó porque era mayor que yo y porque era amigo de mi hermano, una especie de amor imposible. Coqueteamos durante un tiempo hasta que por fin concretamos. Mi hermano no quería saber nada con nuestra relación porque lo consideraba un acto de deslealtad, pero a Ezequiel no le importó y seguimos juntos. Por desgracia, esa decisión, le costó su amistad con casi todo el grupo.

Yo me sentía un poco culpable porque se había quedado casi sin amigos, por ello, cada vez que mis amigas querían salir, lo invitaba. En cada salida me obligaba a quedarme a su lado toda la noche, a veces me incomodaba pero se lo atribuía a que yo siempre fui muy coqueta y seguro mi novio tenía miedo de que algún chico se me acerque.

Inicialmente nadie tenía problema con que él se nos uniera, pero tiempo después dejaron de invitarme. Él me dijo que lo hacían por envidia, que esas chicas no eran tan amigas mías. Pero no era tan así, siempre que salíamos juntos todo terminaba en problemas entre nosotros o con otros hombres. Además, siempre era mi culpa: “Tú lo buscaste”, “Tú lo miraste”, “Tú lo provocaste”. Logró hacerme creer que yo disfrutaba humillándolo ante otras personas. La realidad era todo lo contrario, pues me daba mucha vergüenza protagonizar escenas de ese estilo.

Me acuerdo que en un principio sólo revisaba mis conversaciones de Facebook, después comenzó a eliminar a muchos amigos y por último hizo lo mismo con mi WhatsApp. A mí no me importaba porque no tenía nada que ocultar, pero él desconfiaba a cada instante.

Quiero contar varias de las situaciones que marcaron pauta de que esta relación no era normal y no me convenía:

Era el matrimonio del hermano de mi mejor amiga, todos estaban muy contentos y la fiesta marchaba divertida. Una de mis amigas llevó a un invitado, yo ni lo conocía. Ezequiel empezó a reprocharme que aquel chico miraba mucho, que si acaso yo lo conocía y no quería saludarlo porque estaba con él. Todo concluyó en una pelea. Mientras mis amigos bailaban y se divertían, yo lloraba en el pasillo pidiéndole por favor que parara de gritar porque quería pasarlo bien.

Cumpleaños de una amiga, mucha gente, comida, dj, todo era perfecto. Yo fui al baño y él se quedó solo esperándome fuera. Antes de entrar me dijo que justo donde estaba el baño había una ventana que daba para afuera, de esas que son cristalizadas, y que no me acercara allí porque se notaría mi silueta. Asentí y entré. Realmente hice lo posible para no acercarme a aquella ventana pero justo me había llegado la regla y me agaché para buscar más confort. En cuanto salí, me tomó muy fuerte del brazo y gritó: “Te dije que no te acercaras a la ventana, ahora todos se ríen de mí. Me humillaste ¿Tú crees que es lindo que le vean el culo a tu novia?”. La gente miraba sorprendida, dado que nadie me había visto como él decía. Me puse firme y le dije que deje de gritar y que si se quería ir, que se vaya. Así lo hizo, pero a los dos minutos volvió arrepentido y pidiendo perdón, también me pidió si podíamos hablar en otro lugar.

Fuimos a un sitio más alejado donde no había mucha gente y comenzó a criticarme, dijo que yo era una zorra y una fresca, que todo el mundo me conocía por eso. Me puse a llorar y apareció un amigo, quien al ver la situación me preguntó si estaba bien. No pude ni contestarle porque Ezequiel se adelantó y le dijo que no se metiera.

La relación siempre fue así, todas las peleas terminaban en que yo era una puta y que siempre lo había sido, pero que él me amaba y que sólo por eso no podía dejarme. Para él era religión pedir perdón y hacerme entender que la situación era normal, que todas las parejas peleaban así.

Ahora que terminamos la relación, dice que él solo se preocupaba. Si eso era preocupación, pues que nadie más se preocupe por mí, era desagradable y absorbente.

No saben la alegría que me da poder ser libre de nuevo, hoy puedo hablar con quien quiera o salir con mis amigas sin que nadie me esté juzgando por ello.

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