Desde el comienzo de la relación se mostró agresivo sin ninguna razón, pero solo cuando bebía.

Mientras estaba sobrio era el hombre más dulce del mundo, se lo notaba enamorado, por ello me quedé con él durante tanto tiempo y dejé de lado los episodios violentos.

Solía hacer escándalos por la calle, porque un conocido me saludó, porque recibí una llamada telefónica o por el simple hecho de que algún hombre me haya mirado. Todo era mi culpa… En el peor de los episodios me empujó y terminé en el piso. Casi al instante me levantó del brazo como si fuese un muñeco y me metió en un taxi para que nadie viera más nada. Como resultado, me quedaron hematomas en el brazo.

Para mí ya era algo común que me empujara o me dejara marcas.

Varias veces quise terminar con la relación pero me era casi imposible porque siempre se mostraba arrepentido y venía a mi casa llorando. Hasta llegó a darme un anillo de compromiso para que cambiara de opinión.

De la nada dejó de ser tan agresivo pero también dejó de mostrarse interesado en la relación. Me dejaba de lado todo el tiempo. Yo seguía enamorada de él pero parecía no importarle.

Al poco tiempo quedé embarazada. Puedo afirmar que fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Mi hijo ya tiene 5 meses, y gracias a él y a mi familia pude alejarme para siempre de ese hombre.

Hoy me siento libre y feliz. A él lo sigo viendo por el bien de nuestro hijo, pero ya no me siento atada de ninguna forma.

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