Estaba entre los 8-10 años. Entre primos se decidió hacer una pijamada, comer frituras, cantar, reír, divertirnos.

A la hora de dormir, juntamos varios colchones para que todos estuviéramos juntos y me acosté junto a mi prima. Al lado mío se encontraba otro primo de la misma edad que yo.

Durante la noche, de repente, sentí que alguien estaba tocándome por debajo de mi playera hasta llegar a mis pechos. Me di cuenta de que era mi primo y me dio miedo, hasta pensé que era imaginación mía, sin embargo, me seguía tocando yo quería que parara. Él me dice que si puedo cambiar de lugar porque se encontraba “incómodo” y no podía dormir, yo le creí y lo hice. Pero sólo quería cambiar para tener una mejor posición y tocarme aún más. Quería gritar, llorar, pero me quedé en shock y lo único que hice fue abrazar a mi almohada y quedarme dormida.

Al otro día le comenté a mis padres la situación y llamaron a ese primo para preguntarle si lo que les dije había sido cierto. Él fácilmente se negó y la situación se quedó así, sin preguntarme cómo me sentía. Aún tengo guardado ese recuerdo que me sigue lastimando.

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