Hoy me di cuenta de que yo también fui víctima de violencia por parte de mi familia y compañeros del colegio.

Todo comenzó a mis 6 años, recién había entrado a la primaria y entre mis compañeros se encontraba mi prima. Ella, por alguna razón que desconozco, se encargó de contarles cosas vergonzosas a los demás chicos y humillarme de formas horribles. Todavía puedo recordar su risa al verme llorar y su disfrute tan perverso. De a poco, todos mis compañeros fueron manipulados por ella y comenzaron a excluirme e insultarme. Yo con seis años no podía hacer nada más que llorarle a mis padres y pedirles consuelo.

Años después, lejos de apaciguarse, aquel infierno empeoró.  Al maltrato constante en la escuela, se le sumó el maltrato en casa.

Cuando tenía 8 años engordé unos cuantos kilos y mi querida hermana vivía diciéndome lo gorda, estúpida y desagradable que era. Ella era mi modelo a seguir, la persona que más quería. Así que imagínense como quedó mi autoestima, por los suelos. Así que dejé de comer como normalmente lo hacía, con la esperanza de que ser delgada como mi hermana o como mis compañeras del colegio calmara todo ese odio que tenían hacia mí. En otras palabras, quería ser alta, linda y amigable.

A medida que fui creciendo me relacioné con gente un poco indeseable. Amaba a mis nuevas amigas porque creía que ellas eran las únicas que no me veían como alguien desagradable, pero estaba equivocada ya que con el tiempo se alejaron de mí. Esa situación se repitió muchísimas veces, con todas aquellas chicas que alguna vez fueron mis amigas. Con mis novios de ese entonces pasó lo mismo. Se encargaron de humillarme y de hacerme sentir que no querían estar conmigo porque no valía la pena.

Mi relación con mi hermana nunca mejoró después de todo eso. Hoy la miro a los ojos y no creo que nunca pueda perdonarla, aunque sigo tratando de luchar contra estos demonios.

Nunca me aceptaron en el colegio por como soy, pero tampoco espero que lo hagan ya que me cansé de ser víctima.

Quiero decirles a todos aquellos que me hicieron sentir una basura, que no voy a darles un segundo más de atención.

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