Junto a nuestra casa vivía una pareja con 3 hijos adolescentes, yo me pasaba días enteros jugando allí o mirando la tele con los chicos.

Eran alrededor de las 11 am. Mi mamá estaba cocinando, mi hermana en el colegio y mi papá en el trabajo. Como estaba aburrida le pregunté a mi mamá si podía ir a la casa de los vecinos a jugar, ella me dijo que sí, pero que si no estaban los padres entonces volviera a casa. Cuando llegué estaban los 3 chicos con sus primos, al ser una nena de 5 años no hice caso y me quedé con ellos. El mayor de los hermanos me convenció de ir a una de las habitaciones porque, según me había dicho, tenía algo para mí. Me sentó en la cama y empezó a manosearme, después me mostró sus genitales y me obligó a tocarlos.

Luego de eso no recuerdo más nada, es como una película en blanco, la cual sigo tratando de recordar cada día. Lo único que se me viene a la mente soy yo corriendo espantada, entrando a mi casa y abrazando a mi mamá. Sólo le dije que no quería volver a ese lugar, y de hecho desde ese día no los vi más.

Nunca me animé a contarle a mi familia lo que pasó, las únicas dos personas que lo saben son mi novio actual y una amiga. Es increíble como funciona el cerebro y como es capaz de reprimir las cosas más feas que nos pasan. Recién a los 13 años, mediante sueños, empecé a recordar lo que había pasado ese día. A partir de ese momento comencé a entender muchas cosas con respecto a mi forma de ser y a distintas situaciones que tuve que enfrentar. En el jardín comencé a hacerme pis encima, en mi adolescencia nunca estuve segura de mi cuerpo, también me auto lesioné y tuve un rechazo inmenso hacia con los hombres.

Lo peor de todo es que a mis 11 años nos mudamos a su casa, hoy en día vivo en el lugar donde sucedió.

Mi primera relación sexual con mi actual novio fue hace 5 años, y estuvo lejos de ser un lindo momento. Sentía pánico y asco, se me venía a la mente esa imagen asquerosa con ese adolescente perverso, el cual hoy camina tranquilamente por mi ciudad con la conciencia limpia.

Hace 1 año me tomé un taxi, y para mi sorpresa, el taxista era él. Fueron los peores 15 minutos de mi vida. Me contó que había encontrado a Dios, que le había perdonado todos sus pecados y que todo lo malo que había hecho se había esfumado. Yo no hablé en todo el trayecto, solo asentía con la cabeza y soltaba algún que otro monosílabo. Bajé del auto y no pude contener más las lágrimas, él se había disculpado conmigo en cierto modo y sabía perfectamente lo que había hecho.

No lo vi nunca más.

A pesar de que no arrastro ese recuerdo explícitamente, se ve muy reflejado en mi forma de actuar. A veces pienso que si tan sólo le hubiera hecho caso a mi mamá, nada de esto hubiese pasado. Hoy en día sería otra persona, tal vez más feliz…

 

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