A los 13 años solía ir a la iglesia que se encontraba a un par de cuadras de mi casa y también al grupo que había allí los sábados. En ambas actividades, siempre estaba el mismo hombre, me llamaba la atención que me mirara fijo. Nunca lo vi hablar, siempre se limitaba a observar, aunque estuviese en grupo. Creo que tendría unos 35 años.

Detrás de la iglesia hay un salón no muy grande con un holgado pasillo, allí se encuentran los baños. Un día, como tantos otros, fui a lavarme las manos y me encontré a este hombre, quien estaba por ingresar al baño de hombres. Dado que la puerta era muy pequeña, no pude salir. Él se acercó a mí a tal punto, que sentí su cuerpo rozando el mío y, en un abrir y cerrar de ojos, me agarró de los brazos. Yo estaba inmóvil, asustada, pero no pasó más nada. El hombre simplemente se hizo a un costado y yo salí en silencio sin decir nada.

Al domingo siguiente pregunté en la iglesia quién era y por qué sólo miraba. Me dijeron que no le preste atención, que estaba enfermo.

De a poco dejé de frecuentar aquella iglesia por miedo.

Hace unos meses fui a misa en la catedral de la cuidad y me lo encontré ya que estaba de monaguillo. Le conté a mi mejor amiga lo que había pasado, pero sólo le dije que siempre me observaba.

Nadie lo sabe, nunca me animé a hablar.

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