No toda violencia es física, hay violencia psicológica y puede llegar a ser mucho peor.

Yo pensé que mi primer novio sería el amor de mi vida, ese que debería cuidarme sin importar lo que pase, pero no lo hizo. Estuvimos juntos tres años, en los cuales se encargó de denigrarme lo mejor que pudo y también de hacerme depender de él a tal punto que a pesar de su maltrato yo no quería dejarlo.

Yo sabía que él me engañaba y me mentía cada vez que tenía la oportunidad, pero en cuanto le decía algo me amenazaba diciendo que iba a tirarse abajo de un auto. Un día, en un situación similar, se acostó en medio de una avenida porque “sin mí su vida no tenía sentido”. Todo se tornaba tan ilógico que me confundía más y más.

Intenté dejarlo en varias ocasiones, pero siempre decía que se iba a suicidar. A veces se lastimaba para que viera que era capaz de hacerse daño, cada vez que lo hacía yo me hundía más profundo.

Dejé de salir con mis amigos, no porque mi novio no me dejara sino porque ellos hablaban maravillas de él y yo no podía soportarlo. Me daba náuseas escucharlos decir lo buena persona que era y lo bien que me trataba. Él estaba arruinando mi vida y yo no fui capaz de decir nada.

Jamás se lo conté a nadie. A los ojos de todos siempre fue un santo y un amor de persona, por eso yo “debía estar agradecida de tenerlo a mi lado”.

Hasta la fecha me envía mensajes, me acosa y trata de aparecerse ante todos aquellos a los que alguna vez consideré cercanos. Él me dice que lo hace para que nunca me olvide que puede estar en cada momento de mi vida, y que nunca desaparecerá. No quiero que tenga razón.

(Visited 928 times, 1 visits today)