Lo que contaré a continuación pasó hace algo más de dos años. Actualmente tengo 16.

Lo había conocido una noche de verano en un patio cervecero, me pareció lindo y atento pero era el típico galán que no tiene ni dos dedos de frente. No pasó mucho tiempo hasta que empezamos a salir. Para ese entonces yo tenía unos 14 años y el 19, 20 o 21, hasta el día de hoy no lo sé con firmeza dadas sus mentiras.

Solía aparecer por casa a cualquier hora y sin avisar, pero con chocolates, regalos y cosas lindas. Vivía comprándome cosas, y yo, como típica adolescente embobada, salía corriendo detrás de él. Recuero que una noche, casi obligándome, me pidiói que le dijera a mi mamá que estábamos saliendo ( ni yo sabía que era oficial). Estuvimos así un año entero.

Para la noche de mis 15 años mi madre le permitió quedarse en casa, cosa que nunca había hecho. Después de mi “embarrada”, tomamos algo, comimos y se quedó también mi mejor amiga. Lo peor llegó después. Él estaba bastante borracho por lo que se fue directo a mi cama. Yo fui ansiosa por acostarme a su lado, pensando que sería hermoso compartir algo así con él, siendo que yo nunca había dormido al lado de ningún hombre. Esa noche quería tener relaciones conmigo, alegando que quería “hacerme señorita”. Yo ya había estado con un chico anteriormente pero él no lo sabía y me negué, en parte fue porque no me sentía cómoda llevando todo tan rápido y menos en presencia de mi amiga, con quien compartíamos cuarto esa noche.

Cuando pensó que estaba dormida, comencé a sentir como me tocaba suavemente. No era algo placentero sino escalofriante. Le rogué que no lo hiciera pero fue peor, se colocó encima de mí y me obligó a mantener relaciones. Logró darme vuelta y penetrarme por detrás, como el dolor era infernal, me tapó la boca. Yo lloraba, gemía del dolor e intentaba gritar. En ese instante, me golpeó y comenzó a penetrarme con más fuerza. Ya estaba sangrando cuando volvió en sí, me abrazó y me suplicó perdón. No le contesté y cuando se durmió, me pasé a la cama de mi amiga. Ella estaba despierta y llorando, había visto todo. Nos acostamos y lloramos juntas ante la incertidumbre de no saber cómo reaccionar.

Me cuesta recordar qué sucedió la mañana siguiente, sólo sé que él se fue bastante temprano.

No le conté nada a mi mamá porque no quería hacer de esto un drama, ni quería recordarlo. Volví a verlo un tiempo después hasta que mi hermano mayor se enteró de lo sucedió y le dio un fin a nuestra relación, lo cual hoy le agradezco con el alma.

Aún me duele esa noche.

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