Lo vi en el colegio, era el amigo del hermano de mi amiga. Todos lo conocían, así que lo agregué a Facebook y comenzamos a hablar. En aquel entonces yo tenía 13 años y él 17

Los primeros 4 meses fueron lindos, ya que era mi primer novio y estaba entusiasmada. Al quinto mes empezaron los celos por mis amigos varones, luego se fueron a mordiscos fuertes que me dejaban feos moretones en la cara. Realmente no sé en qué momento fue, pero pasaron a ser insultos, amenazas y golpes. Él criticaba mi forma de ser, mi ropa y a los pocos amigos que me quedaban. Me dejaba constantemente “por ser una puta”, pero después me pedía disculpas, volvíamos y yo volvía a “ser una puta”.

A los 8 meses comencé a tener ataques de pánico y ansiedad. Me internaron 6 veces y 4 de ellas fueron por intentos de suicidio. Me metí en las drogas y en el alcohol. Mi mamá y mi papá se culpaban porque no sabían qué estaban haciendo mal. Y nunca fue su culpa, porque yo no hablaba y ellos ¿cómo lo iban a saber? El maquillaje lo ocultaba todo.

Simulé una fractura en la costilla derecha como una “caída de escalera” y también dije que los cortes en mis muñecas me los había hecho yo, porque estaba deprimida por ser gorda. El dolor era un veneno, la falta de amor propio y libertad me quebrantaban el corazón. Con 14 años ya no quería vivir, no quería salir, no quería a nadie.

Esta pesadilla se terminó cuando mi mamá leyó las amenazas que él enviaba a mi celular. Confesé todo, expulsé mi dolor y la putrefacción de mi corazón. Poco a poco, gracias a mis amigos y familia, pude volver a respirar y a sonreír.

Hoy, con 16 años, puedo decir que no tengo más la mentalidad de una nena. Algunos días es más difícil que otros. No confío fácil en la gente, y a veces, cuando vuelven estos recuerdos, me largo a llorar y me culpo por haber sido tan crédula y tan inocente.

Más allá del dolor y la injusticia de no poder hacer nada más, agradezco tener una familia compañera, amigos de fierro, mascotas hermosas y un novio comprensivo que supo entender mis momentos de tristeza y locura, que me acompañó y me acompaña con esta historia aunque solamente sepa la mitad de todo el infierno que pasé.

No puedo expresarme bien porque todavía duele, pero escribir esto me libera de alguna u otra forma.

Quien ama no condiciona y quien ama, no lastima.

Hoy y siempre NUNCA MÁS A MI LADO.

Gracias por leer.

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