Después de 8 años me doy cuenta que nunca te gusté y que nunca me quisiste. Sólo fui para ti una buena mamada.

Me trataste bien sólo cuando viste que me alejaba y que no quería seguir siendo tu objeto de satisfacción. Ahí inventaste un personaje, te hiciste pasar por aquel hombre que yo quería que fueras, pero luego de verte satisfecho volvías a ser tú, ese ser egoísta al que no le gustan los besos en la boca ni los abrazos. Aquel hombre que evitaba mirarme a los ojos, ese ser que no me quitaba la blusa porque asegura que mis senos son feos. Ese que no me escribe ni me llama después de nuestros encuentros, esos encuentros que tanto añoré e imaginé en mi mente con la esperanza de que fueran distintos, pero ya después de estos 8 años me doy cuenta que no quepo en tu vida.

Entiendo que no toleras que te pida dinero, pero si eso es lo que a ti te sobra y a mí me falta, no puedo creer que no me ayudaras sabiendo lo que me cuesta el día a día. Fueron muchos años que estuve disponible para ti a toda hora, exponiendo mi salud, mi bienestar y mi tranquilidad  mental.  Ojalá hubiera tenido algún tipo de recompensa o beneficio por tanta humillación silenciosa, por todo esto que tragué y soporté, por toda esa indiferencia, ese silencio tortuoso al que me he visto sometida todo este tiempo.

Jamás me dijiste que soy bella, sólo piensas en ti mismo, eres egoísta. Nunca te importó lo incómoda que puediera llegar a sentirme con las cosas que me haces, entre ellas, buscarme sólo por sexo. No te das cuenta lo hiriente que es que me critiques por mis gustos o porque me maquillo. Puedes pasar meses sin llamarme y ni siquiera te importa cómo hice para sobrevivir todos esos días. Me evitas, me llamas desde números privados para que no tenga forma de contactarme y seas tú quien lo hace para tener el control.

No me haces feliz, nunca me has hecho feliz.

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