Tenía ocho años aproximadamente y vivía en la casa de mi abuela junto a mi tía y su familia.  Ellos compartían terreno, pero tenían su propia casa.

En ese entonces, mi primo tenía 15 años. Siempre fuimos muy unidos, no recuerdo cuando fue que todo cambió. Sólo sé que un día me desperté y él estaba encima de mí, frotándose.

De a poco empecé a entender sus juegos, en donde tocaba mis partes, pero nunca dije nada. Siempre lo escuchaba entrar a la pieza de mi abuela, y me hacía la dormida para que haga lo suyo y se vaya.

Una de esas mañanas, mi abuela lo descubrió y gritó: “¿qué estaban haciendo? ¿cómo podes jugar así? eso no se hace, hija”. Y no abuela, yo no quería que él me hiciera eso. Me daba asco, y me di asco por permitirlo.

Ella nunca se lo contó a nadie, y él dejo de hacerlo.

Mi primo siempre fue un ejemplo de persona para todos y lo sigue siendo. Nadie se imagina la clase de basura que es. Yo jamás se lo conté a nadie, y siento que es algo que debe quedar en mi memoria. Sólo espero que su conciencia haga todo lo que yo no pude…

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