Arrancamos con una relación totalmente abierta. Como dicen algunos: “era un touch & go”. Con el tiempo las cosas se fueron confundiendo y nos fuimos volviendo mas íntimos. Nos volvimos confidentes.

Recuerdo que una vez me contó que su mamá fue víctima de violencia de género por parte de su padre y se separaron con la condición de que él siguiera viendo a su hijo, ya que por suerte, a él nunca le había pegado. Vivía comentándome que no que quería se como su padre.

Pero un día estábamos en su casa tomando mate y lo noté muy raro. En un momento quiso tener sexo conmigo y yo me negué. Pensé que lo iba a entender porque siempre me decía que nunca me iba a obligar a hacer algo.

Pero ese día reaccionó distinto. Cuando me negué a tener relaciones con él, me agarró de la muñeca y me gritó “¡sos una puta de mierda, estás conmigo para coger nada más, estoy harto de que me boludees!”.

La situación fue escalando en violencia y en un momento noté que iba a terminar de perder el control pegándome y le dije “¡Soltame! ¿O preferís hacerme lo mismo que tu viejo le hizo a tu mamá?”. Y me soltó. Quedó en shock y le dije que nunca más lo quería ver y si llegaba a buscarme lo iba a denunciar.

Cuando me fui me crucé con la madre. Yo estaba llorando y ella me ayudó, me escuchó y se aseguró que nunca me volviera a ver con él.

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