Me llegan mensajes de mujeres que pasaron por lo que yo pasé y creo que es hora de que se termine.

Conocí a ésta persona, estuve de novia, tuvimos un hijo y empezamos a convivir. De a poco iba notando que todo lo que yo creía color de rosa, no era así. Empezaron los gritos, las prohibiciones, los empujones. Fueron muchos, pero son pocos los que recuerdo con exactitud. Como ese día que compré una prepizza y como no le agregué salsa, me puso una cuchilla en el ojo porque no le había gustado. O como aquella vez, que según él, crucé mal la calle con el nene en el cochecito y cuando llegamos a casa, me empezó a pegar piñas en la cabeza (almohadón de por medio). Creo que si en ese momento no entraba el nene (de 3 años) y gritaba, me habría partido el fierro que sostiene el tul del moisés en la cabeza.

Así pase por muchas situaciones: ¿amenazarte con que si te vas mata a tu familia? ¿y que te va a sacar a tu hijo? ¡Fueron montones!

¿Testigos? Los mejores testigos fueron mi hijo y los vecinos, que cuando les golpeaba la puerta y les decía si podía quedarme un ratito con ellos, sabían perfectamente lo que había pasado!.

Hasta que llegó el día que tomé valor y me fui. Me escapé, mejor dicho. Ahí empezaron las suplicas y los llantos, pero no iba a volver. Esa misma frase que había repetido durante 7 años al fin era cierta. No iba a volver.

Como era el padre de mi hijo, jamás le prohibí verlo. Tenía días de visita y fin de semana por medio lo llevaba con él. Había fines de semana que el nene me decía que pasaba con su abuela (en paz descanse) o que lo llevaba a los boliches donde trabajaba. Sí, con 5 añitos y los sábados a la noche en los boliches. Pero lógicamente no duró mucho y llegó un día en que mi hijo no quiso verlo más. Sonó el teléfono de la casa de mi mamá, era él diciendo que mi hijo quería venir conmigo. Lo trajo, obvio. Estaba llorando desconsoladamente, porque su papá le había pegado muy fuerte en la espalda. Según me dice, quería que una amiga se quedara a dormir y mi hijo le dijo que no quería que se quedase porque no era su novia. Ahí aprovechó para desquitarse la bronca con él, con su propio hijo.

Y no lo vio más. No porque yo se lo prohíba sino porque él solo lo decidió así. Y sigo respetando la decisión de mi hijo después de 6 años porque no voy a hacer nada que le haga mal. Porque estuvo años soñando que su papá nos mataba. Porque tiene un papá del corazón que le da todo lo que necesita desde el primer momento.

¿No lo denunciaste?, quizás están pensando. Sí lo hice, obvio que sí. Sus golpes y amenazas están asentadas en la comisaría de la mujer, pero como pasa siempre, quedó en la nada. Afrontamos un juicio en el Juzgado de Familia Nº12 de Lomas de Zamora pero me sugirieron que no siga, que deje todo así porque quizás se vuelva a violentar. Esa es la impunidad que me indigna.

 

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