Éramos novios hace ya 3 años más o menos. A veces, cuando teníamos relaciones, él me tiraba del pelo y me decía al oído que era “su putita” y me decía que le calentaba que eso me calentase. Nunca le dije que no porque se ponía violento cuando tomaba. Yo no lo tenía miedo, pero peleábamos muy mal.

Una noche fuimos a su casa borrachos. Yo tenía que irme a las 7am porque mis padres no sabían que yo estaba ahí y a esa hora se levantaban para ir a trabajar. Estábamos teniendo relaciones cuando se hicieron las 7 am y le dije que pare, no sólo no paró sino que me dio la sensación de que le gustaba que yo dijera eso. Se lo dije un par de veces y no pareció importarle. Entonces me enojé y quise salir de la cama, pero él seguía penetrándome. Le dije nuevamente que parase. Ya muy enojada, lo empujé, agarré mis cosas y me fui. Nunca se habló del tema.

Cuando cortamos estuvo casi 6 meses hablándome todos los días. Después me enteré que empezó a salir con una chica.

Una noche salí con mis amigas y él estaba en el mismo lugar. Cuando lo crucé, me agarró del brazo y me dijo si podíamos hablar, a lo que le respondí que no y me fui. No estaba enojada porque me estaba divirtiendo con mis amigas. Ya estando algo mareada, tuve que esconderme en el baño del lugar porque él me perseguía para hablar conmigo. No quería salir y me preguntaba: “¿le tengo miedo? ¿Qué hago escondida?”. Cuando salí, me tomó del brazo y no me soltaba. Tampoco me soltó cuando me vio llorando y pidiéndole casi a gritos que me dejara. Cuando me percaté que todo el boliche nos estaba mirando, mi mejor amiga y un amigo me subieron a un auto y nos fuimos. Lo único que hizo que se detuviera fue que un chico lo agarró para que no me siguiera hacia el auto.

Al día de hoy, él sigue de novio y todavía me manda mensajes.

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