Conocí a Tomás cuando tenía 13 años. Lo vi bajando de un remis, hermoso, divertido. Caminaba muy sonriente y canchero.

Por esas cosas inexplicables de la vida, 2 años después, nos reencontramos y terminamos poniéndonos de novios. Él era dulce, atento, cariñoso y por sobre todo, muy respetuoso. Toda mi familia lo quería.

En parte yo era consciente de que cargaba con cierta violencia emocional, tenía expresiones machistas, xenófobas y discriminatorias. Tomás es uno de esos que piensan que, si una mujer fue violada, es porque lo provocó con su “pantalón corto de puta”. Venía de una familia con sucesos violentos, su padre era un enfermo. De todos modos, yo sentía un gran amor por él, así que imaginé que jamás sería así conmigo.

Él sabía que yo era de baja autoestima y que a veces me sentía poca cosa. Al principio de la relación, cuando yo me ponía en una postura depresiva, él me besaba, me mimaba y me decía cosas hermosas. Pero luego de unos meses, mi situación le daba igual, sea si lloraba, si tenía miedo, pesadillas o dolor. Y como para sumarle algo más, se la pasaba hablando de otras chicas, incluso me enteré que nunca le había terminado de cortar a la chica con la que estaba antes de empezar conmigo. En una ocasión me dijo que todos los hombres, cuando ven mujeres piensan: “me la quiero coger”, aunque caminen de la mano con su esposa. No sé con certeza si es verdad, pero aquellos dichos me quemaron el alma.

El 22 de noviembre por la noche fuimos a la casa de sus abuelos. Su mamá, él y yo mirábamos la tele esperando el resultado de las elecciones mientras tomábamos algo. Tomás no era fanático de ningún partido político, pero su lógica le permitía saber que la mejor opción era Scioli. En un momento fue noticia: ¡Ganó Macri! Su mamá se puso de mal humor, pero se levantó de la mesa y fue a encender la música. En cambio, él, empezó a tomar cada más al punto de que cuando se servía, la bebida ya no entraba en el vaso sino en su ropa, en el suelo y hasta encima de mí. Ya bastante ebrio, me agarró del cuello y me apretó contra su cuerpo. Con aliento a cerveza me decía al oído: “hay que violarlas a todas las pelotudas que votaron a ese forro. Hay que matarlos a todos y violarles a las hijas”. Me empujaba, queriéndome hacer cómplice de aquellas barbaridades. Yo sólo me limitaba a mirarlo, con miedo. Me soltó cuando, casi entre lágrimas, asentí. Luego me miró y a los gritos dijo: “¿estas llorando otra vez? ¡otra vez! Fui lo más fuerte que pude, me puse seria y le pedí que fuésemos a hablar a otro lado. Él se acostó y yo, parada, le pregunté que le pasaba, me respondió que fuera con él y me sentase a su lado. Lo hice, y comenzó a insultarme. Me dijo que era una gorda estúpida, que estaba loca y que ya no me aguantaba, entre otras cosas. No atiné a hacer otra cosa que llorar, y cuando quise levantarme, me empujó y me golpeé la cabeza contra una madera. No sé si lo hice por miedo o porque realmente ya no lo aguantaba más, pero grité lo más fuerte que pude. Su tío, quien estaba en la habitación contigua, le avisó a mi suegra. Ella entró en el cuarto y me encontró llorando y sangrando en el suelo mientras él seguía en la cama, eructando y riendo.

Tomás me echó la culpa a mí, alegando que era una depresiva, una loca y una gorda mentirosa. No recuerdo más que eso y que a mi suegra dándole un sermón. Le dijo algo así como que su ex marido estuvo 20 años con ella y la habría querido matar, que la dejó en la calle y que él era su único hijo y que no podía ser que él se convirtiera en lo mismo que su padre.

Al rato, mi suegra llamó a un remis, y me pidió perdón mil veces. Me juró que su hijo no era ”así” y que no sabía que le pasaba.

Cuando llegó el remis, ella me acompañó todo el viaje. Yo recién la conocía, pero, a pesar de eso, viajé 15 minutos abrazada a ella llorando. Después, Tomás me llamó para preguntarme cómo estaba.

Cuando llegué a mi casa mi mamé me preguntó si había pasado algo, ya que le dije había dicho que iba a volver con él. Así que le conté todo, con detalle. ”Y bueno, a veces los hombres son así. Además, si te la buscaste, Jodete”, respondió.

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