En mi familia nunca le levantaron la mano a nadie, nunca hubo gritos y casi ni peleamos. Si mi mamá y mi papá tenían que discutir algo jamás lo hacían delante de mí o de mi hermano, ni siquiera levantaban la voz. Cuento esto para que sepan que tuve una infancia feliz, que no crecí ni con golpes ni con abusos y que no estaba predispuesta a sufrirlos.

A los 13 años decidí ingresar a un colegio industrial de gran prestigio en Buenos Aires. Quería ser técnica, como mi hermano, quien se había recibido allí un par de años antes. Los primeros días fueron geniales, conocí mucha gente y también me relacioné más con amigos de mi hermano. Yo era bastante sociable, así que no me costó hacer amigos.

Al mes lo conocí a él, tenía dos años más que yo, unos 15 para ser más específica. Siempre nos cruzábamos en el colectivo y me parecía bastante lindo. Finalmente, una amiga le pidió su mail y lo agregué al MSN para poder conocernos mejor. Le conté quien era y me dijo que me tenía de vista, y que menos mal que era yo quien estaba interesada en él y no mi amiga porque “era una gorda fea”. En fin, a la semana quedamos en ir a comer cerca del colegio. Y así pasó el tiempo, era lindo, simpático y tierno. Hasta me llevaba la mochila porque pesaba mucho, su carisma me obnubiló a tal punto que a las dos semanas ya estábamos de novios. Yo estaba feliz, era mi primer novio.

Pasadas unas semanas de relación, todo cambió. Empezó a insultar a mis amigos, argumentando que eran unos idiotas y que por eso no debía estar con ellos. Obviamente me opuse, pero me dijo que no me permitiría seguir relacionándome. Esto me alejó un poco, sabía que no era algo lógico lo que me pedía. Aun así no pude con él, siempre me convencía para que no fuéramos a taller y cosas por el estilo. Un día de esos perdí mi virginidad, recuerdo que me dijo: “Que suerte que fue conmigo porque si no eras virgen te iba a dejar”. La verdad es que yo no quería hacerlo, pero él me convenció como lo hizo muchas veces más. Un día le dije que tenía un atraso, y me contestó que si estaba embarazada, entonces tendría que pegarme en la panza hasta matar al bebé porque no quería ser padre. Por suerte fue una falsa alarma.

Así estuvimos otro mes hasta que mi mamá se dio cuenta de lo que pasaba y me sacó del colegio, también me prohibió verlo. Aunque no lo crean, yo no entendía el porqué.

Empecé a ir a otro colegio que quedaba más cerca de casa. Yo seguía viéndome con él a escondidas y me prohibió hacer amistades, me decía que no necesitaba ni amigos ni familia, que para eso lo tenía a él. También me dijo que si se llegaba a enterar de que yo me había enamorado de otro lo mataría, me mataría a mí y se mataría él.

Siempre se enojaba y me insultaba cuando no podía escaparme de casa para verlo. Hubo una semana en donde no me comuniqué con él durante tres días porque se me había hecho imposible, me dijo que se iba a suicidar por ello.

Un día logré escaparme de la escuela y fui a verlo. Le conté que había empezado artes marciales y me dijo que si era tan buena, entonces debía esquivarle una piña. Me puse a llorar del miedo y de la presión que ejercía sobre mí, amagó a golpearme pero se detuvo a un centímetro. Estoy segura de que era cuestión de tiempo para que comience a hacerlo de verdad.

Cuando vio unas fotos mías en Facebook disfrutando de mi cumpleaños número 14, me insultó porque lo había pasado bien y él no quería que yo fuese feliz con nada que no tenga que ver con su persona.

Nunca logró agredirme físicamente, pero destruyo por completo mi autoestima. Vivía diciéndome gorda, que nadie me iba a querer por eso y que debía estar feliz de que alguien como él se hubiese fijado en mí.

Finalmente, me armé de valor y le grité que no quería verlo más. Muchos amigos del nuevo colegio me respaldaban, les había contado todo y me dijeron que ellos me defenderían si pasaba algo. Así que le grité tan fuerte como pude y se fue enojado. Esa fue la última vez que lo vi, yo tenía 14, él 16.

A los dos años me cambié de colegio nuevamente, no sé como pero él se enteró y se hizo amigo de una chica de allí. Cuando me enteré, hablé con ella y le conté lo que me había pasado. Por suerte dejó de hablarle, pero eso lo atrajo de nuevo a mí. Me envió un mensaje por Facebook, insultándome por haberle contado la verdad a la chica. Por venganza, comenzó a mandarle mensajes a todos mis nuevos compañeros, diciéndoles que yo era una puta. Ellos no le hicieron caso y lo bloquearon, pensé que por fin me había dejado en paz.

Pasaron otros dos años y comencé a trabajar como fotógrafa. Otra vez, él se enteró y me dijo que quería que le haga un book, entonces le pedí una cifra exagerada para que me dijera que no, pero me dijo que estaba bien. Se lo conté a un amigo y me dijo que él iría conmigo por si acaso, que no podía ir sola. Se lo comuniqué a mi ex y me dijo que entonces no quería hacerlo. Esa sí fue la última vez que hablé o supe algo de ese ser tan horrible.

Gracias a él tuve una adolescencia problemática de la que aun hoy no me recupero. Pasé por psicólogos y psiquiatras porque pensaba que nadie nunca me iba a querer.

Ahora estoy de novia con el mejor amigo de mi hermano, él siempre me apoya en todo y pude contarle con detalle lo que pasó. A veces tengo miedo de que vaya a insultarme o a golpearme, aunque sé que nunca lo haría. Es como un reflejo que me quedó.

Si tu primera pareja es así, cuesta mucho entender que los demás son distintos.

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