Tenía 6 o 7 años de edad. No recuerdo muy bien eso, sólo recuerdo que tenía de mascota una ratita blanca y que a mi abuelo paterno e gustaba que hiciera el aseo en su casa. Me daba 20 pesos a cambio, lo cual era mucho dinero para ese entonces, y más para una niña de mi edad. Él vivía en el segundo piso de mi casa y era muy cariñoso conmigo, me decía siempre que me quería mucho y yo le creía. Uno no espera que los monstruos vivan dentro de su propio hogar.

Una tarde estaba sentada en la cama viendo caricaturas, cuando entró y me recostó. Empezó a abarazarme y a decirme lo mucho que me quería. Me tocaba la espada hasta que bajó a mis nalgas y metió su mano en mi pantalón. Yo me sentí muy incómoda, no me gustaba su forma de demostrar amor. Así que lo empujé y bajé corriendo por las escaleras.

Días después, llegó borracho a su casa, tomó del pelo a mi hermana y la besó en la boca.

Pasaron los años y él seguía viéndome igual, incluso abría la puerta del baño para verme orinar o bañarme con la excusa de que estaba viejo y no veía bien si el baño estaba ocupado.

A los 9 años le conté a mi papá y no me creyó, prefirió defender a su padre por encima de su propia hija. Los acosos por parte de ese enfermo no pararon hasta que me armé de valor y lo amenacé con denunciarlo en la policía.

Recién a mis 17 años mi mamá se enteró de lo que había pasado. Al parecer mi padre siempre se lo cayó. Nos enteramos que le había hecho lo mismo a mis tías, e incluso las había violado.

Tuve un colapso emocional muy grande que superé con ayuda psicológica, pero aun quedan marcas. Y esa bestia sigue viviendo en mi casa porque mi padre lo defiende.

 

(Visited 196 times, 1 visits today)