Esto me pasa en República Dominicana.

Me decía a mí misma “dios siempre tiene el control”. Se escuchaban gritos. “No papi, por favor, déjala, no la golpees, ya no eres mi padre, eres malo, no te queremos, la vas a matar”.

Me caen lágrimas. Lloro. Camino sin un destino fijo.

Pero sobre todo tenía esperanza que cambie. Todos los fines de semana lo mismo desde que tengo 7 años. Solo pensaba en si algún día la mataría. ¿Y si llego y no esté? ¿Que estará pasando ahora que no estoy en casa?

Con solo 8 años solo podés llorar en un rincón mientras ves que tu padre golpea fuerte a tu madre. Solo puedes ver, callar y llorar.

Al día siguiente debes irte y comenzar otro día como si nada hubiera pasado. No podía mirarla a la cara. El oxígeno es insuficiente cuando rememoro estos momentos.

Hoy tengo 18 años y es lo mismo los fines de semana. Trabajo desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde y después voy a la escuela. Vuelvo después de las diez de la noche. Voy todo el camino pensando y diciendo “solo lo hago por ti, sé que lo lograré, te sacaré de allí”.

Y un día llego a mi casa y mi hermano de apenas 4 años me dice “papi le pegó devuelta a mami”. Lo abrazo y le digo que todo pasará. Cada día que pasa me pregunto: ¿Llegará ella a saber lo que me hace levantarme cada mañana? ¿O simplemente ya no estará? ¿Será muy tarde para cuando lo logre?

Todos los días le digo que la amo y siempre estaré aquí para ella.

Ella me responde que también espera estarlo, pero que si no, que cuide de mis hermanos.

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