Cuando tenía 6 años un tío abusó de mí, no llegó a violarme porque justo llegó mi madre. Recuerdo que estaba en primer grado y no había copiado toda la tarea, así que tuve que pedirle a un compañero vecino que me preste su cuaderno. Cuando volvió mi mamá se dio cuenta que no la había copiado toda y entonces ella fue nuevamente a la casa del vecino a pedirle el cuaderno. Fue entonces que llegó ese viejo asqueroso del campo con la excusa de que tenía que ir al médico, ya que en mi casa se tenía la costumbre de recibir familiares cuando venían de lejos.

Me acerqué a él porque me había llamado, pero el tipo comenzó a tocar mis partes íntimas y a preguntarme si podía prestárselas. Yo no sabía qué era el sexo, ni la violación, ni que estaba mal que alguien te tocase, nunca me habían hablado de ello. Y este desgraciado se aprovechó. Me llevó a una habitación y me hizo tocarle su miembro para luego subirme encima de él. Gracias a Dios no pudo ultrajarme porque volvió mi mamá. Me acuerdo que se levantó rápido y me dijo que no dijera nada porque lo iban a meter preso.

Nunca le conté a nadie. Sólo un tío que ya falleció se dio cuenta porque, en un rapto de inocencia, le conté algo. Él lo amenazó y le dijo que no volviera más porque lo denunciaría.

Recién a los 14 años le conté la verdad a mi mamá, ya que estaba en una época muy depresiva en donde me hacía bullying por ser la más callada y estudiosa de la clase.

No le hicieron una denuncia porque mi madre decía que no la iban a tomar, ya que en ese tiempo el malnacido ya tenía 80 años. Los hermanos de mi madre me trataron de mentirosa y hasta el día de hoy no sé si me creen.

Con el tiempo pude salir adelante y olvidar, hasta que una amiga conoció a un chico llamado Gabriel y salimos los tres. Me terminé hablando con él por mensajes, y al principio parecía bueno, las charlas eran normales. Con el tiempo me pidió ser su novia.

Un día, una prima de Buenos Aires, vino de vacaciones y me agarró el teléfono en chiste. Comenzó a mandarle mensajes a Gabriel de alto contenido porque quería divertirse, y para no enojarme, le seguí el juego. Pero allí comenzó mi pesadilla, Gabriel quería que le mandase ese tipo de mensajes todo el tiempo y accedí para que no me dejara. Esa situación me remitía al abuso que había sufrido de chica, me incomodaba mucho. También me pedía fotos, pero no llegué a mandárselas. El tipo se ponía como loco si no le contestaba los mensajes y me decía cosas hirientes.

A todo esto, no nos veíamos seguido porque mi mamá no me dejaba salir. Pero cuando nos veíamos me revisaba el teléfono y me amenazaba diciendo que si lo dejaba me iba a matar, que si salía con otra persona la lastimaría. No quería que tuviera amigos y les hablaba a los pocos que tenía para preguntarles qué hacía durante el día.

Ya pasaron tres años desde que decidí cortar esa relación, estaba cansada de todo ese infierno. Un año después conocí a un chico con el que estuve dos años. Pero Gabriel consiguió su teléfono y lo acosó hasta que el chico fue distanciándose hasta que terminamos.

Todavía tengo latente en la mente que me dijo que no me dejaría en paz hasta el día en que me muera, que se iba a meter en todas mis relaciones y que si algún día me casaba, iba a matar a mi marido.

Actualmente estoy casada y tengo una hija. Me aislé del mundo.

Aún tengo ataques de pánico por miedo a cruzármelo y que le haga daño a mi familia. No tengo muchos amigos porque pueden conocerlo y hacerles de contacto conmigo. No quería tener ni teléfono celular, hasta qué decidí crearme un Facebook y bloquear a todos sus conocidos.

Comencé a estudiar profesorado porque ahora tengo confianza suficiente, sé que si me tengo que enfrentar y defenderme lo haré. Mi familia es la que me da fortaleza para salir adelante.

 

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