Cuando cumplí 15 años conocí a Lucas, no me gustaba mucho pero como insistió tanto, terminé saliendo con él. A menos de un mes, me preguntó si quería ser su novia. Sinceramente no sé por qué dije que sí.

Un par de días después, fui a un cumpleaños con amigos y terminé besándome con otro chico. Yo sabía que había actuado mal, entonces se lo conté, así también descartaba el mal momento de que alguien más se lo contara. Como era de esperarse, terminamos peleándonos.

A mí no me gustó haber terminado con él, así que aproveché que estaba sola y le pedí que fuera a mi casa para hablar. Discutimos un largo rato y nos arreglamos. Al rato comenzamos a besarnos y Lucas empezó a presionarme para que hagamos algo más, pero como no yo quería, dado que era virgen, le pedí que se fuera.

A los dos días, volvimos a pelear y la secuencia se repitió. Pero esta vez accedí y terminé haciéndole sexo oral en un ascensor. Ese fue sólo el principio de su manipulación, él ya a había encontrado la forma de vulnerarme para conseguir lo que quería.

Con el tiempo comenzó a exigirme que me escapara del liceo para ir a su casa. En una de esas ocasiones, estábamos besándonos y me pidió que le alcanzara su mochila. Yo sabía que allí guardaba sus condones así que le dije que no, que no quería hacer nada. “No seas boluda”, me dijo al mismo tiempo que me quitaba del camino para agarrarla él. Mientras yo le decía que no, él se puso el condón y me recostó sobre la cama. Lo hizo igual, no le importó ni mi llanto. Yo, por dentro, pensé que me lo merecía por haberlo hecho sufrir. Esa fue mi primera vez.

Terminó teniendo hasta mi contraseñan de Facebook, y estaba conectado con mi usuario más tiempo él que yo. Eliminó a la mayoría de los hombres, entre ellos amigos míos. Yo no podía hablar con nadie, y si lo hacía él tenía que leer las conversaciones. Escribía en mi muro que yo era de su propiedad y cosas similares. Pero esto no era recíproco, yo no podía tocar sus redes sociales o pedirle que borrase a alguien. También me prohibía los shorts, los escotes, las polleras cortas y las calzas, si usaba algo de eso me decía que me encantaba provocar porque era una puta. Cuando me cansé de discutir y accedí a todo eso, comenzó a decirme que era poco femenina, una gorda a la que nadie iba a querer y una pendeja inmadura. Nada le venía bien. Luego comenzó a maltratarme físicamente, me zarandeaba y me empujaba constantemente. Y yo estaba ahí, creyendo merecerlo todo.

Al tiempo conocí a un chico que me hacía reír y me gustaba bastante, pero me alejé de él por miedo. El problema era que yo también le gustaba, y por ello comenzó a escribirme por Facebook. Un día, Lucas le respondió haciéndose pasar por mí y le dijo que yo también lo quería. En ese momento todo se desbarrancó y su maltrato se volvió aún más insoportable.

Cuando estaba en un examen, me extorsionaba diciendo que, si no iba a su casa en ese instante para tener sexo, el iría a buscar a alguna “puta del baile” (como él las llamaba). Así me terminó yendo mal en el liceo, también me alejé de mucha gente y hasta comencé a pelear muchísimo con mi madre.

El día que me dejó, me dijo que era una puta, que creía que le había dado mi primera vez demasiado rápido, que era una gorda, que nadie me iba a coger como él, que cuando estuviera con otro tipo me iba a acordar de él y que era poco femenina, entre muchas cosas más.

Nos volvimos a ver algunas veces, pero nunca más volvimos.

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